Conducir un vehículo implica una gran responsabilidad. No solo se trata de cuidar tu propio carro, sino de velar por la seguridad de las personas y los bienes que te rodean. Entender qué cubre este tipo de póliza es clave para conducir con mayor conciencia.
La RCV está diseñada para cubrir los daños que puedas causar a terceros en un accidente donde seas responsable. Esto incluye, en términos generales, lesiones corporales a otras personas y daños materiales a vehículos, estructuras u otros bienes.
De esta forma, la póliza ayuda a asumir los gastos derivados de estos daños, dentro de los límites establecidos en el contrato, evitando que el conductor deba enfrentar solo el impacto económico.
Algunas incluyen defensa penal y asistencia legal en caso de que el accidente derive en procesos de este tipo. Otras pueden ofrecer servicios de grúa, apoyo en carretera o atención básica en situaciones de emergencia, siempre de acuerdo con las condiciones específicas del seguro.
Es importante destacar que la RCV no está enfocada en cubrir los daños propios de tu vehículo, salvo que se contraten coberturas complementarias. Su función principal es proteger al tercero afectado y brindarte respaldo para responder de manera ordenada ante un siniestro.
Cualquier persona puede verse involucrada en un accidente, y disponer de un seguro adecuado permite manejar la situación con mayor organización y respaldo.
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